¿Qué hacer cuando un alumno te dice que necesita “más caña”?
Poniendo cara de poker y contando hasta 10… no, mejor 20 o 30 antes de contestar. Mientras tanto, en mi interior surgen tres preguntas:
- ¿Más caña para tu cuerpo?
- ¿Más caña para tu cerebro?
- ¿Qué significa realmente “más caña”?
Practicar la honestidad con nuestro cuerpo es un ejercicio que nuestro cerebro también debería entrenar, y precisamente ese ha sido mi mayor reto en los últimos años.
Cuando un alumno me pide “más caña”, me siento juzgada como profesional. Aunque no me gusta la expresión, un buen profesional sabe dar la “caña justa” al alumno que tiene delante y, si no lo hace, es porque este no está preparado para recibirla.
El alumno entra en un estudio de Pilates donde va a aprender a mover su cuerpo con conciencia plena, y eso lleva tiempo; no se logra de manera inmediata.
Es cierto que, desde la pandemia, ha aumentado considerablemente el número de personas concienciadas de que “el movimiento es vida”, pero debemos aprender a movernos con conciencia, y eso no es nada fácil.
Cualquier actividad de moda en la que “dan caña” es bienvenida. Nuestro reto, como profesionales del movimiento consciente, es educar a los alumnos que entran por la puerta y nos piden “más caña”. La “caña” llegará cuando su cuerpo esté preparado para recibirla; de lo contrario, también llegarán las lesiones. Y no será por casualidad, sino porque no hemos sido honestos con nuestro cuerpo, porque no le hemos dado tiempo.
Hace poco leí que un buen estudio de Pilates no solo debe enseñar ejercicios, sino también identificar los problemas de sus alumnos, tener habilidades de razonamiento crítico, saber modificar los ejercicios correctamente, realizar progresiones adecuadas y comunicarse con excelencia. Me sentí totalmente identificada porque esa es la filosofía que, día a día, se esfuerza en seguir MCPilates. Y creo firmemente que debería ser la de todos los que se dedican a educar a los alumnos que ponen su confianza en nosotros, incluso a riesgo de que algunos de ellos no lo entiendan.
Un buen profesional del movimiento será honesto y garantizará total seguridad durante la sesión. Si no te da “más caña”, has de confiar en él… o seguir buscando, aunque sea a riesgo de tu propia salud.









